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¿Serán los dispositivos 'wearables' las próximas tarjetas de crédito?

¿Serán los dispositivos 'wearables' las próximas tarjetas de crédito?

Una nueva generación de dispositivos inteligentes está empezando a tomar relevancia en nuestra vida. Son los 'wearables', complementos que incorporan tecnología para facilitar nuestras tareas en el día a día y que llevamos cómodamente. Desde un reloj, unas gafas o una pulsera. La forma es lo de menos, lo que importa es la revolución que están planteando. 

En un contexto en el que aún nos estamos familiarizando con el uso de tarjetas 'contactless', estos complementos inteligentes vienen a dar una vuelta de tuerca en la manera de comprar. ¿Dejaremos en el futuro las tarjetas bancarias en casa? Es muy posible, aunque seguirá existiendo el procesamiento transaccional, claro. En un estudio realizado por Tractica, se estima que el volumen de transacciones con dispositivos 'wearables' crecerá de los 3,1 billones de dólares actuales hasta los 500 billones de dólares en el año 2020. Teniendo presente estas cifras, podríamos hablar de que para esa fecha un 20% de todos los pagos móviles se harán mediante dispositivos inteligentes.

Entre las ventajas que aportan los 'wearables' en los pagos se encuentra la innovación, la simplicidad y la comodidad del consumidor. Todas ellas se traducen en un proceso de compra que nos permite olvidarnos del efectivo y de la cartera. Ya estemos en la playa, haciendo deporte o en un café, pagar con un 'smartwatch' o una pulsera inteligente nos hará gozar de mayor libertad.

Aunque la penetración no será por igual en todos los sectores de la sociedad. El principal público será la población de entre 18 y 34 años, los denominados 'millenials', que se caracterizan por un alto grado de conectividad y uso de las tecnologías. Como apunte, en Reino Unido un estudio de Intelligent Environments recoge que la mitad de los 'millenials' británicos usó este método de pago en los últimos seis meses. 

El principal reto al que se enfrentan estos dispositivos es a la mejora de la seguridad. El pago funciona igual que una tarjeta sin contacto, por lo que el TPV necesita estar muy cerca del dispositivo. De la misma forma que las tarjetas contactless, también se solicita un número secreto para transacciones de mayor importe. Con el fin de que la seguridad no sea una traba en el impulso de esta tecnología, algunas investigaciones apuntan a que la persona podría identificarse como portadora de la pulsera por su ritmo cardíaco, algo imposible de transferir a otra persona. Habrá que esperar qué método asegura mejor las transacciones. Lo que parece es que han llegado para quedarse.

 

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